Hoy os traigo un artículo donde se hablará sobre los sentimientos de culpa, qué es lo que implican y cómo podemos, al dejarlos partir, aumentar nuestra energía y magnetismo.

Comencemos…

 

¿De dónde provienen los sentimientos de culpa?

 

De dónde provienen los sentimientos de culpa

 

En lo que al origen de los sentimientos de culpa se refiere, creo que todos estamos más o menos de acuerdo en cómo se generan.

Un sentimiento de culpa es el juicio que realizamos sobre algo que hemos pensado, dicho o hecho. Incluso a veces, sobre lo que hemos sentido.

Suelen ser muy variadas las razones para sentirse mal tras ese juicio: no te gustan las consecuencias, afectan a otras personas y se han sentido mal por ello, es algo que quieres superar y llevas mucho tiempo arrastrando…

Las expectativas que tenemos sobre un tema en cuestión hacen que tengamos una evaluación sobre el mismo. Y al hacer esto, estamos sentenciando qué está bien o qué está mal.

Un ejemplo de ello podría ser cómo nos comportamos al conocer gente nueva. Si tienes pensamientos y creencias que te dicen que has de ofrecer una imagen tuya de seriedad, para causar una buena impresión inicial, este pensamiento será el predominante en tu forma de comportarte.

O al menos, eso es lo que pretendes. Si por cualquier razón esa máscara de seriedad cayera y ofrecieses una forma de comportarte que, según tu juicio, no es la correcta, te sentirás mal por ello.

Comenzará en tu interior un diálogo negativo respecto a lo sucedido. Recordarás cada detalle del evento. Mirarás ‘con lupa’ lo que hiciste y dijiste, examinando con ojo crítico -generalmente en exceso- todos tus aportes.

Es muy posible que tras esta situación, generes sentimientos de culpa por cómo te has comportado. Y de esta forma, el malestar se apodere de tu interior.

 

Cuáles son los sentimientos de culpa

 

A este respecto, se podría decir que las razones por las cuales podemos generar sentimientos de culpa son, prácticamente, infinitas.

Recordemos la fórmula o esencia del origen de un sentimiento de culpa: el juicio que realizamos sobre algo que hemos pensado, dicho o hecho. Y sabiendo esto, se podrá entender que hay, prácticamente, miles de razones para crear un sentimiento de culpa.

Estamos constantemente juzgando, en nuestra mente, todo lo que sucede a nuestro alrededor. Lo hacemos cuando llegamos -o llegan- tarde al trabajo. Cuando hablamos con alguien y escuchamos lo que nos cuenta. Al ver la televisión, escuchar la radio o leer noticias.

Toda la información que nos llega es analizada y filtrada por nuestras creencias. Y, en base a ella, nuestro juez interior realiza un dictamen y establece sentencia, considerando algo con un valor predeterminado por nosotros mismos.

Pero aunque existan posibilidades prácticamente incontables respecto a las razones de los sentimientos de culpa, hay algunas que son muy genéricas.

  • El valor personal. Juzgamos nuestra propia valía en base a lo que pensamos que deberíamos poder hacer. Y, por desgracia, la mayor parte de las veces debido a las comparaciones que nos hacemos con los demás.
  • Adicciones y comportamientos. En este aspecto entra en juego una gran amalgama de diferentes escenarios. Pero en ellos se podría incluir cosas como la compulsividad a la hora de comer, fumar, beber, el consumo de sustancias, compras innecesarias…
  • El cuidado personal. Este sentimiento de culpa puede encajar perfectamente con el punto anterior. El cuidado personal engloba aspectos como la alimentación, el deporte y muchos más. Si tenemos un juicio respecto a nuestro aspecto o sentir físico, y lo que hacemos o no para mejorarlo, aparecerá una reacción emocional que nos hará sentir de diferentes maneras.
  • Características físicas. Guapo o feo. Alto o bajo. Gordo o delgado. Uno de los peores sentimientos de culpa es el juicio y ataque que nos hacemos a nosotros mismos por nuestro aspecto físico. Este punto puede relacionarse con los dos anteriores, siendo éste consecuencia de aquellos otros. Por ejemplo: no me gusto porque estoy gordo. ¿A qué es debido? A que no me cuido. ¿Cómo no me cuido? Comiendo mal, teniendo una vida sedentaria…

 

A continuación, veremos algunos tipos de sentimientos de culpa más específicos.

 

Sentimientos de culpa al dejar una relación

Esto puede suceder cuando, en una relación de pareja, una de las partes decide finalizarla.

Los sentimientos de culpa aparecen cuando se piensa que se puede estar cometiendo un error (no haber aguantado lo suficiente, haber luchado poco por la relación, extrañar a la ex pareja más adelante…) o se piensa en el dolor que sentirá la otra persona.

En esta situación, los sentimientos de culpa pueden hacer que la persona quede paralizada en lo que se refiere a tomar una decisión. Lo cuál sólo significa una cosa: se encuentra atrapada por el miedo.

 

Sentimientos de culpa al gastar dinero

Más común de lo que se cree, este tipo de sentimientos de culpa ocurren cuando se tiene miedo de estar malgastando dinero. Y lo que en un principio parece un acto de prudencia, suele esconder -cuando realmente se puede gastar el dinero con responsabilidad- un gran miedo a la escasez económica.

Si te interesa este tema, te aconsejo que leas el artículo llamado «Cómo sanar la relación con el dinero y aumentar tu flujo financiero«.

 

Sentimientos de culpa después de beber

Cuando una persona tiene ciertos problemas relacionados con el alcohol, pueden surgir este tipo de sentimientos de culpa.

Suele ocurrir cuando el estado ebrio de la persona influye para que dé rienda suelta a diversas acciones o palabras (gracias a la deshinibición que el alcohol aporta), lo cual puede implicar que se hiera a otra persona, o que la imagen personal quede afectada a ojos de los demás.

 

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Los sentimientos de culpa generan miedo y ansiedad

 

Los sentimientos de culpa generan miedo y ansiedad

 

Como todo en esta vida, existe una dualidad o dos caras en esto de los sentimientos de culpa.

A primera vista, se podría decir que son negativos. Y eso es básicamente porque nos hacen sentir mal. Pero esta fácil y rápida deducción se queda en la superficie de lo realmente negativo de esta práctica.

Un sentimiento de culpabilidad nada aporta realmente. Haremos un análisis básico para comprender esta afirmación.

La experimentación de un sentimiento de culpa se produce ante un evento que juzgamos como negativo, por algo que hemos pensado, sentido, dicho o hecho (o una combinación de algunas de estas formas).

Esto quiere decir que se basa en una situación que ya ha sucedido. Es pasado. Y nada de lo que podamos hacer ahora cambiará lo ocurrido.

Por ello, tener sentimientos de culpa por algo ya sucedido no va a aportar absolutamente nada. Sólo servirá para hacernos sentir mal.

Algo que, obviamente, no aporta ninguna solución. Un acto realmente estéril.

Aunque es muy humano tener reacciones de este tipo, por lo tanto no tengas ningún tipo de sentimiento de culpa por tener sentimientos de culpa 😉

Lo que hay que tener claro es que no ofrece ninguna ventaja sentirse mal, pues hacerlo no supondrá un cambio en lo ya ocurrido.

La otra cara de la moneda es la de aprender. Si en vez de tener sentimientos de culpa lo que hacemos es analizar qué fue lo que causó que hiciéramos tal o cual cosa, podremos conocer los desencadenantes de una situación. Y con ello, actuar de manera diferente en el futuro.

Los resultados de una situación experimentada pueden servirnos para no volver a repetirlo. Ahí sí que es valioso el experimentar cierto malestar, pues ello nos puede invitar a realizar cambios en nuestra persona que mejoren ciertos aspectos.

Como puedes ver, sentirse mal ante las consecuencias no va a aportar una solución de ningún tipo ante lo sucedido. Sin embargo, utilizar ese resultado como combustible para efectuar un cambio, puede convertirse en algo tremendamente útil y de gran valor.

 

Evitar los sentimientos de culpa para aumentar nuestra energía y magnetismo personal

 

Evitar los sentimientos de culpa para aumentar nuestra energía y magnetismo personal

 

¿Qué pueden tener que ver los sentimientos de culpa con conceptos tales como la energía y magnetismo personal?

Créeme cuando te digo que mucho.

Recuerda en este momento alguna situación de tu pasado donde hayas tenido sentimientos de culpa por alguna situación. Tal vez porque no fuiste a alguna cita, comiste algo que te habías propuesto no comer, dejaste el gimnasio, hablaste mal a alguien… lo que sea.

Trae a tu mente ese evento y recuerda cómo te sentías.

¿Cómo era tu energía? ¿Qué tal tu estado anímico? Estoy seguro que bajito. En esos momentos no te sientes capaz de hacer algunas cosas. Y aunque para otras sí que te sintieras muy válido, en lo que se refiere a eso que te hace tener sentimientos de culpa, no te acercas a tu ideal propio, a lo que te gustaría para ti.

Puede ser que no tengas problemas en sentirte capaz de emprender un negocio, pero si te arrepientes por haberte saltado la dieta, en lo que se refiere a la alimentación -y el propósito que ello supone- te sentirás alguien sin fuerza de voluntad y falta de poder personal.

Este ejemplo puede ser extrapolado a cualquier otra situación. De esta forma entenderás, en tu caso personal, cómo los sentimientos de culpa te hacen creer que manifiestas una versión muy por debajo de lo que realmente eres.

Pero esto no es más que un engaño. Tu valía personal es infinita. Es sólo que piensas, debido a tus creencias personales, que eres más o menos dependiendo de lo que haces o dejas de hacer.

Pero eso no es más que un juego mental. No es real, sólo habita en tu mente. Porque la realidad es que una característica física, intelectual o emocional no indica si alguien es o no válido. Sería lo mismo que decir que eres capaz o incapaz de hacer algo dependiendo de si eres rubio, castaño o moreno. Un sinsentido total y absoluto.

¿Qué sucede si tienes sentimientos de culpa por diversas cuestiones? Imagínate que no te gustas porque hay varias cosas que quieres cambiar y no consigues hacerlo. Eso te hace sentir mal. Y cuanto más tiempo lleves pretendiendo cambiar -sin conseguirlo-, mayor será la frustración que experimentas.

Todo esto comenzará a calar poco a poco en tu interior. Y con el tiempo, se convertirá en algo que te acompañe, pues formará parte de tu subconsciente.

Estarás cargando con un programa mental que dice: “yo me siento mal, y tengo razones reales para ello”.

Y cuando alguien se siente así… se nota. Porque se demuestra en muchas situaciones.

Por ejemplo en el lenguaje no verbal, como podría ser una postura corporal decaída o el no poder sostener la mirada (alguien que tiene sentimientos de culpa, se siente menos que otros, por ello no suele mantener una mirada directa).

También en sus actos, pues no querrá tener ciertas responsabilidades -no vaya a ser que la fastidie ahí también-. O hará las cosas con dudas e inseguridad, por miedo a fallar.

Una persona insegura tiene actitudes y características que la hacen visible ante los ojos de los demás.

Y alguien así no es atractivo. Ni demuestra confianza.

¿Entiendes ahora cómo los sentimientos de culpa pueden hacer que no solo cargues con una emoción negativa constante que te hará sentirte con menos energía y más pesar, sino que además te hará menos interesante para los demás?

 

¿Cómo superar y eliminar los sentimientos de culpa?

 

Tenemos dos posibles soluciones.

  1. Haces, de una vez por todas, aquello que te habías propuesto hacer. Apuestas ‘el todo por el todo’. Te comprometes a cambiar. Inviertes lo que sea necesario. Y llevas el trabajo hasta el final, haciendo así la transformación que tanto tiempo has deseado.
  2. Te olvidas de ello. Lo sacas de tu lista de objetivos. Dejas de preocuparte por eso y decides seguir adelante.

La solución número dos es posible cuando lo que nos hace sentir mal no es una meta con una gran importancia para uno mismo. Es algo que se pudo proponer, pero se puede pasar sin ello perfectamente. Un ejemplo de eso podría ser finalizar el año estando en una escuela para aprender inglés.

Si el interés en aprender el idioma es por razones puramente personales (cultura, poder viajar con mayor desenvolvimiento en países extranjeros…), se puede ‘hacer la vista gorda’ en el propósito, pues no hay un peso de gran importancia en la consecución del mismo.

Pero si aprender inglés supusiera evolucionar en el terreno laboral o incluso evitar una posible pérdida de un puesto de trabajo, la presión será muy distinta. Y el sentimiento de culpa mayor si no hay un auténtico compromiso con la meta.

En este último ejemplo, se entraría en la solución número uno, pues no es posible olvidarse de este propósito y hay que darle el foco de atención que se merece para que sea solucionado.

A veces, pretendemos hacer muchas cosas a la vez. Es muy normal tener diferentes y variadas metas y objetivos. Pero uno de los mayores problemas es que pretendemos hacer todo al mismo tiempo. Eso divide nuestra atención, y por lo tanto nuestras fuerzas. No es funcional.

Si tienes un cien -por utilizar una medida numérica- de atención, si te enfocas en dos cosas le asignarás cincuenta a cada una de ellas. Si atiendes más intereses, tu atención se dividirá en mayor número.

Es por ello que cuando se trata de cumplir un objetivo prioritario, yo aconsejo darle el máximo de atención y compromiso. Poner todas las fuerzas en él. Y una vez finalizado y lograda la meta, entonces abordar otro proyecto más.

 

Conclusiones

 

Arrastrar sentimientos de culpa disminuirá, irremediablemente, nuestra energía en general, así como el estado anímico. Y esto puede ser detectado por otras personas.

Pero salir de esa situación está en nuestra mano. Todo es cuestión de ponerse en ello, hacer los cambios que necesitamos y dedicarle atención a ese proyecto o propósito que deseamos realizar. Es mejor hacer las cosas despacio, sobre seguro, que pretender avanzar abarcando mucho, lo cual puede significar un gran tropiezo en el camino, que nos haga detenernos y dificultar nuestro avance.

Y tú, ¿en qué tienes sentimientos de culpa? ¿Algo que quieras compartir?

Un fuerte abrazo.

Óscar Martín.

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