Llevaba un tiempo queriendo escribir un artículo sobre salir de la zona de confort, porque mucha gente me lo ha pedido. También porque es un tema que me apasiona.

Si eres un lector habitual (o no…) de mi blog, podrás ver que estoy muy interesado en todos los temas relacionados con la superación personal. Y animo siempre a ello.

Reto a mis clientes a que lo hagan, aquellos que vienen a mí para que les acompañe a lograr sus objetivos. Y también a las personas con las que comparto alguna conversación de este tipo.

Salir de la zona de confort es algo muy demandado, porque todos queremos llegar a las metas que nos hemos propuesto. Pero encontramos impedimentos de muchos tipos, y uno de ellos es la conocida zona de confort.

¿Qué es la zona de confort?

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Esta imagen, para mí, define a la perfección lo que es la zona de confort y el contexto que la rodea. Recuérdala o visualízala siempre que sea necesario, porque nos va a servir de referencia a lo largo de todo el artículo.

De esta imagen vamos a utilizar cuatro conceptos, de los cuales se hablará en su momento adecuado:

  • Zona de confort.
  • Zona de aprendizaje.
  • Zona de pánico.
  • Zona donde la ‘magia’ ocurre.

La zona de confort es aquella situación en la que te encuentras ahora mismo, donde tal vez te guste estar, o quizás no, pero es lo que conoces. Donde te encuentras seguro.

Quizás quieras tener otro trabajo. Tal vez cambiar de relación de pareja (o estar en soledad durante un tiempo). Puede ser que estés pensando en estudiar de nuevo. O analices la forma en la cual podrías iniciar un negocio independiente.

Tal vez estés pasando una situación complicada de verdad, donde te encuentres absorbido por alguna dependencia: alcohol, drogas, juego, relaciones tóxicas…

Tu vida puede ser un asco, según tu juicio personal. También puede ser algo considerado normal, o quizás te encante cómo es ahora mismo.

Eso no importa. Lo significativo, para la definición que estamos buscando, es que la situación en la que te encuentras ahora mismo es tu zona de confort.

Nuestra parte más primitiva del cerebro es la reptiliana. Ésta se encarga de las funciones más instintivas. Instintos primarios como es alimentarse, reproducirse y pelear o huir en caso de peligro.

Este último punto es muy importante, el ‘peligro’. A nuestra parte reptiliana le encanta cuidarnos, y por ello hará todo lo posible para que no salgamos de lo conocido, de los límites de lo que se consideraría nuestra vida ‘normal’.

¿Por qué no quiere que salgamos de ahí? Porque en ese espacio hay seguridad. Quizás fuera de esos límites haya peligros. Recordemos que esta parte del cerebro fue la primera que, en nuestra evolución, se creó.

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En aquella primitiva época la vida era muy difícil. Pura supervivencia. Los instintos mandaban. Y había peligros por todos lados.

Nuestro cerebro reptiliano no quiere que salgamos de los límites de nuestra vida cotidiana y normal, porque fuera de ellos podría haber peligros. Hoy en día no será que un animal pueda atacarte (salvo que vivas en un entorno salvaje). Pero esto no lo entiende la parte reptiliana. Además, aunque no haya animales que te devoren, sí que hay otros peligros que pueden no solo causarte un daño físico, sino un impacto y trauma psicológico y/o emocional.

De esto trata de protegernos esa parte de nuestro cerebro. ¡Y lo hace muy bien! Es por ello que te cuesta cambiar, que hacerlo da miedo. ¿Lo entiendes ahora? Tienes un sistema que está diseñado para evitar que cambies.

¿Qué es lo que tiene de negativo estar en la zona de confort?

Como se podía ver en la primera imagen, la persona que está en la zona de confort se encuentra  ‘cómodamente’ recostada. Y entrecomillo esa palabra porque puede ser que no estés nada cómodo en tu situación actual.

Tal vez estés acostumbrado. Tal vez te hayas ‘hecho’ a vivir como lo haces ahora. Y en ese ‘vivir’ y ‘estar hecho’ hay niveles que pueden ser muy decadentes.

Una persona que viva en la drogadicción puede estar llevando una vida lamentable, pero tras un tiempo se ha hecho a ella. Y esa se ha convertido en su zona de confort. No le gusta, no está cómodo, pero se ha acostumbrado. Ha llegado a una serie de rutinas donde todo está ‘controlado’ y no hay peligros.

Lo mismo sucede con una persona que se encuentra en una relación tóxica. Puede vivir, prácticamente a diario, situaciones donde se arrepienta de estar en la relación en la que se encuentra. Puede ser que incluso se haya acostumbrado a recibir malas palabras y contestaciones (también a darlas); a no haber recibido un auténtico abrazo de cariño en mucho tiempo, a no recordar lo que es un gesto bonito, de complicidad de pareja. Pero es a lo que su mente se ha hecho, a día de hoy. Es su zona de confort.

¿Ves ahora por qué estar en la zona de confort puede ser negativo? Básicamente es porque no tienes lo que quieres, ya que si lo tuvieras no lo estarías deseando. Y, además, podemos llegar a acostumbrarnos a rutinas que aunque nos aporten cierta estabilidad (es seguro, hay cierto control de lo que sucederá…), pueden llegar a hacer que nos acostumbremos a un nivel de vida que no es lo que deseamos para nosotros mismos.

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Es como si nos metiésemos nosotros mismos en una jaula, de la cual no sabemos salir. Aunque ello sea tan simple como habernos introducido en la misma…

¿Por qué cuesta tanto salir de la zona de confort?

Lo más básico a este respecto es decir que encontramos resistencia a salir de la zona de confort porque nuestro cerebro reptiliano nos invita a quedarnos donde estamos.

Pero no empieces a maldecir a esta importantísima parte de nosotros, que se dice que realiza funciones tan básicas y necesarias como respirar o los latidos de nuestro corazón. Ni tampoco le eches la culpa de todo y te desentiendas de lo que es tu responsabilidad a la hora de realizar las acciones necesarias para mejorar tu vida.

Es nuestro cerebro se van grabando los recuerdos de las experiencias que hemos tenido, los cuales nos sirven como referencia a la hora de tomar decisiones futuras. Y si hemos teniendo algún recuerdo doloroso relacionado con una situación (un trabajo, por ejemplo), vamos a tener dos factores que nos van a dificultar el cambio:

  1. Nuestro cerebro reptiliano, que como ya dijimos va a tratar de mantenernos en la zona de confort, la zona segura, donde hay control sobre lo que sucede.
  2. La amígdala, situada en el sistema (o cerebro) límbico. Este sistema es el emocional (revisa la imagen de los tres cerebros, que está más arriba), y en la amígdala se ‘graban’ las emociones vividas, como podría ser el recuerdo de algo doloroso. La amígdala nos recordará, en momentos clave, lo que sentimos en el pasado. Está muy relacionada con el estrés y la ansiedad.

Así que, como podemos ver, tenemos dos fabulosos sistemas que se encargan a la perfección de cuidar de nosotros. Uno quiere que estemos en la zona de confort, donde estamos a salvo. El otro nos recuerda las emociones vividas en situaciones pasadas, lo cual nos sirve como referencia a la hora de enfrentar una situación nueva y desconocida.

Un momento… si es nueva y desconocida, ¿por qué estamos utilizando un recuerdo de algo que no tiene nada que ver?

Esta es una de las ‘trampas’ de estos sistemas de protección. Realmente, no es que funcionen mal o quieran hacernos la vida imposible. El asunto es que son tan eficientes y tratan de hacer tan bien su trabajo, que nos van a ofrecer un recuerdo de algo parecido a lo que vamos a vivir en un momento dado, para que tengamos una referencia con la que comparar y que nos pueda servir de ayuda.

Pero muchas veces esto no funciona. Básicamente, porque si voy a enfrentarme con una situación nueva (como podrías ser crear un negocio propio, el cual puede ser fructífero o no), no puedo basarme en situaciones pasadas, que nada tienen que ver, para evaluar lo nuevo que voy a hacer.

Sería lo mismo que pensar si me va a gustar el sabor de una manzana, comparándolo con la experiencia pasada de haber comido una pera.

¿Con qué tienes que quedarte con esto que acabas de leer? Con lo siguiente: una parte inmensa de tus miedos no tiene fundamento. Y si lo tiene porque hay una situación pasada similar, no significa que todas las experiencias futuras vayan a ser siempre iguales.

Pero vas a tener al cerebro reptiliano intentando que no puedas salir de la zona de confort, y a la amígdala echado ‘gasolina emocional’ para que te pienses dos, tres y hasta cien veces el que te muevas de donde estás.

Beneficios de salir de la zona de confort

Hemos hablado de las partes negativas de estar en la zona de confort. Y esto, básicamente, se puede resumir en:

  • Todo va a seguir tal y como está.
  • No vas a lograr lo que deseas.

Pero salir de la zona de confort tiene los beneficios contrarios a las partes negativas citadas anteriormente. Lo cual se traduce en que tu vida va a cambiar, lo cual implica en ocasiones dejar situaciones que no nos aportan nada, o si lo hacen es algo negativo. Y llegar a las metas propuestas.

Una de las partes más importantes es la del reto personal, pues no todo es conseguir objetivos que nos trazamos. También se trata de crecer y evolucionar como personas, y eso se consigue  cuando nos ponemos incómodos al salir de la zona de confort.

Enfrentarte con lo que te da miedo te ofrece valiosos recursos internos, pues las experiencias te dan nuevos recuerdos. Y como vimos anteriormente, éstos son utilizados como modelo de referencia para futuras situaciones.

¿Qué quiere decir esto? Básicamente, que si hemos enfrentado una situación que temíamos, saliendo airosos de ella, la próxima vez que tengamos que tratar con otra situación que nos dé algún tipo de miedo, vamos a tener el recuerdo de que ya enfrentamos en el pasado otra situación que temíamos. Y que salimos como ganadores de ella.

El crecimiento personal, las tablas que esto nos ofrece, es uno de los mayores beneficios. Pues nos sirve como ‘alimento’ para futuras situaciones, lo cual nos ayudará a enfrentar nuevos retos con mayores recursos internos.

Cómo salir de la zona de confort

¿Recuerdas la imagen del principio del artículo? Vamos a recurrir a ella, y a sus conceptos, para ver qué podemos hacer para salir de la zona de confort.

Zona de aprendizaje: a veces es necesario aprender cosas nuevas para enfrentar nuevos retos. Si quieres dejar una relación tóxica, leer libros sobre independencia emocional podría ayudarte. Si lo que desea es crear un negocio para independizarte en el trabajo, estudiar cómo está el mercado, profundizar en tus propios conocimientos, saber cómo desenvolverte como autónomo puede serte de gran ayuda.

Cuando vamos a realizar un cambio importante, suele haber una fase de aprendizaje que nos lleve al mismo. Pero también podría llamarse a esta fase ‘zona de preparación’.  Si por ejemplo has de tomar una decisión y sólo te hace falta decir sí o no, este lapsus temporal se convierte en uno donde estás preparándote para dar el paso.

#Consejo para esta fase: analiza bien si has de prepararte de la forma que sea precisa para el cambio que vas a realizar. Pero no seas el eterno estudiante, o la persona que nunca se siente preparada. Las inseguridades y el miedo te harán creer que aún no es el momento. Pero esto no es más que una excusa para quedarte donde estás. No hay conocimiento ni preparación mental que te quite el miedo. Éste siempre va a existir, por muy preparado que estés. Tenlo siempre en cuenta.

Zona de pánico: todo está listo. Has aprendido, te has preparado, has meditado lo que hacía falta. Ya sólo falta lanzarte, dar el paso final. Y este es el punto más difícil, porque será cuando tus miedos más fuerte te ‘golpeen’. Estás en la zona de salto de trampolín. Entre tú y el agua de ahí abajo, sólo hay un espacio vacío que has de recorrer. Te da miedo la caída, una posible mala entrada al agua, el daño que puedas sentir… Te da miedo el propio miedo que estás experimentando.

Pero sabes que no hay marcha atrás. Ya no. No puedes darte la vuelta, porque eso sería peor que no hacer nada. Y tampoco puedes quedarte donde estás, indefinidamente, porque una voz dentro de ti te está diciendo: ‘vamos, que quizás no sea para tanto, salta…’.

El cambio que deseas está justo delante de ti, y aunque es el momento donde más miedo sientes, también sientes cierto nerviosismo ‘del que gusta’, fruto de la incertidumbre positiva. Pues sabes que a partir de ese punto, del salto que has de dar, se encuentra  la posibilidad de conseguir lo que deseas.

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#Consejo para esta fase: tal y como te decía antes, el miedo siempre va a estar. Tendrás a tu cerebro reptiliano diciéndote que no lo hagas. Y a tu amígdala recordándote, con estrés y ansiedad, lo mal que lo puedes pasar si te equivocas. Pero has de seguir adelante. El salto se convierte en algo obligatorio. No existe ninguna fórmula o medicina que te quite el miedo. La única forma de grabar un recuerdo positivo es lanzándote a la experiencia y enfrentando lo que temes. Pase lo que pase, ganarás una valiosa experiencia que te servirá para crecer personalmente. Y créeme cuando te digo que se vive mejor habiéndolo intentado, que preguntándote siempre qué habría sucedido si lo hubieras hecho…

Puedes, también, trabajar con tus creencias limitantes. Para ello lee este artículo, donde se ofrecen herramientas para poder hacerlo: 5 pasos para eliminar creencias limitantes.

Zona donde la ‘magia’ ocurre: lo has hecho, has saltado. Puede ser que estés algo ‘incómodo’ con el cambio. Estás en una zona nueva, diferente, y no sabes qué va a ocurrir. Pero lo que tienes claro es que si en alguna parte ha de suceder lo que quieres, es justo ahí. Te has introducido en la zona correcta, porque en la que te encontrabas antes no había posibilidad de lograr lo que deseabas. Sino ya lo tendrías, ¿no crees? Pero no, lo nuevo se encuentra fuera de la zona de lo viejo.

#Consejo para esta fase: aunque no estés cómodo con el cambio y tengas a tus antiguos programas mentales diciéndote que vuelvas a la seguridad de lo ya conocido, sigue adelante. Sólo aquel que va tras su sueño tiene la opción de conseguirlo. Sin embargo, aquel que no pasa a la acción no cosechará nada. Dar para recibir. Tú das, realizas el pago, en forma de entrega personal, rompiendo límites y miedos. Y la Vida se encargará de darte algo a cambio.

Conclusiones

Salir de la zona de confort puede ser en ocasiones complicado. Si no lo fuera, no habría tanta gente que se encuentra encasillada en vidas y situaciones que no desea. Contamos con unos recursos biológicos que, en aras de querer protegernos, a veces son un incordio a la hora de hacer cosas nuevas.

Pero para ello tenemos nuestro libre albedrío y decisión consciente. Podemos enfrentar esos miedos y seguir adelante. Es algo muy satisfactorio continuar dando los pasos que nos acerquen a lo que queremos. Algunas veces éstos acabarán justo con el éxito que deseábamos; otros lo harán en forma de lecciones que aprender, para más adelante lograr otras cosas. Pero siempre ganaremos, mientras que si te quedas donde estás nada nuevo conseguirás.

Deja aquí abajo un comentario sobre qué problemas tienes tú para salir de la zona de confort. O cuéntanos cómo lo haces, qué hiciste para salir de esa zona cómoda/incómoda.

Un abrazo.

Óscar Martín.

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