En el artículo de hoy quiero hablar sobre las relaciones tóxicas, pues sé que es un tema que de mucho interés para personas que viven este tipo de relaciones en distintos contextos.

Y sé lo tóxicas y destructivas que son.

Lo sé por experiencia propia…

Así que vamos a ello 😉

 

Qué son las relaciones tóxicas

 

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Para mí, la definición de relación tóxica es aquella que, de alguna forma, se considera una relación destructiva.

No, no tiene por qué ser una relación de odio (aunque las hay, de esas que se pasa del amor al odio en apenas fracciones de segundo), ya que es posible que una relación pueda ser en cierta medida respetuosa. Y aun así ser tóxica.

En la mayor parte de las facetas de la vida, el ser humano utiliza su aspecto cooperativo para asociarse con otros congéneres, y así lograr un fin común. Uno donde ambas partes se vean beneficiadas.

Asociaciones de este tipo las encontramos en el ámbito laboral, donde un grupo de personas trabaja juntas para lograr objetivos comunes. En el caso de un negocio, hacer que éste se mantenga en un statu quo que le permita subsistir económicamente y que, además, ofrezca beneficios financieros para que las personas implicadas puedan vivir de ello.

Otras asociaciones se ven en el mundo de los deportes, donde grupos compiten contra otros para lograr la victoria del equipo.

En todos estos casos vemos que el beneficio común también se transforma en el beneficio personal, pues los individuos, de forma particular, también obtienen una ganancia propia.

Esto también ocurre, evidentemente, en el mundo de las relaciones personales. Ya sean éstas del tipo amistad o amorosa, estas asociaciones ofrecen a ambas partes ventajas que hacen que éstas mantengan la relación, pues es constructiva para ambas.

Hay ganancia mutua.

En el caso de las relaciones tóxicas, estas asociaciones se convierten en algo dañino. Puede ser que ambas partes sigan obteniendo algún beneficio que les haga continuar juntas. Pero, además, reciben muchos problemas personales del tipo emocional y psicológico. En casos drásticos, también en el plano físico.

Por lo tanto, las relaciones tóxicas son todas aquellas donde existan problemas que hacen que las partes implicadas se planteen seguir adelante con la asociación. Y cuando esto ocurre es porque algo no va bien.

 

Las relaciones tóxicas y la codependencia emocional

 

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En muchas ocasiones, cuando se habla de relaciones tóxicas se incluye la dependencia emocional. Esto sucede con mayor probabilidad en las relaciones personales.

Amigos/as que aun teniendo conflictos constantes, siguen juntos, amparados en ideales como que si es amistad de verdad, se puede con todo.

Relaciones de pareja que bajo la “bandera del amor”, aguantan casi lo inaguantable, destruyéndose mutuamente con lentitud.

En estos casos el grado de dependencia emocional es altísimo.

Puede ser que una de las partes dependa emocionalmente de la otra, sintiéndose incapaz de abandonar la relación, aunque ésta le esté aportando problemas, dolor y sufrimiento.

Pero también es posible que haya una codependencia emocional. Esto es que ambas personas dependan, emocionalmente, la una de la otra. Si les preguntas por separado sobre lo que opinan de la relación y el beneficio de estar juntos, y les pides que hablen con sinceridad sin temor a ser juzgados ni recibir consecuencia alguna, te dirán que están cansados/agotados/hartos de la relación.

Se sienten consumidos, desgastados con algo que ya debió de acabar hace tiempo. Pero por algún motivo casi desconocido, siguen apegados a la relación.

Estas situaciones se dan especialmente en las relaciones de pareja.

Una persona puede tener un vínculo emocional fuerte con un trabajo, pero si la situación se vuelve totalmente tóxica y desgastante, buscará otro empleo. Y si no lo hace es porque entran en juego otros factores, como podría ser el miedo a dar el salto, encontrar un puesto laboral seguro, enfrentarse al mercado laboral después de mucho tiempo…

En una relación de amistad también hay cierto límite, que aunque no está establecido de ninguna manera y es cambiante dependiendo de cada caso personal, un individuo permitirá la toxicidad hasta cierto punto. Sobrepasado, generalmente pondrá espacio de por medio con la otra persona, ya que la relación no le aporta.

Sin embargo en las relaciones de pareja es diferente. La codependencia emocional se puede ver, por ejemplo, en matrimonios que llevan muchos años juntos (o en relaciones de noviazgo largo), teniendo una relación tóxica, desgastada, donde el amor brilla por su ausencia.

Y aun así continuar unidos debido a que dependen, de alguna forma, el uno del otro.

 

¿Por qué siempre tengo relaciones tóxicas?

 

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Es muy común que se dé el siguiente escenario: una persona se cansa de tener una relación tóxica y decide dejarla.

Pasa el tiempo y empieza una nueva relación de pareja. Y más adelante se percata de que ha llegado al mismo tipo de relación: una que le aporta muchos problemas.

Sobre esta situación se ha especulado mucho, siendo lo más común el decir que al principio todo es muy bonito, pero luego vienen los problemas.

También se dice que las personas, en los comienzos, esconden su verdadera personalidad, para sacarla más adelante. Entonces es cuando llegan los conflictos.

En el contexto de las relaciones tóxicas y bajo mi punto de vista, lo que sucede es que al comienzo de la relación no existe ningún tipo de dependencia emocional. Es cierto que la pareja aún no se conoce a fondo, no ha pasado por distintas experiencias que hacen que el carácter de cada uno, en diferentes expresiones, se muestre.

Quizás por ello al principio todo sea más sencillo. Máxime si le aplicamos el importante peso que tiene el concepto de la ilusión de conocer a alguien, empezar algo que no tiene cargas emocionales negativas.

Con el tiempo comienzan a aflorar distintos rasgos de la personalidad de los componentes de la relación, debido a que se viven experiencias diferentes. Una de las que más conflictos revela es la convivencia. Estar con alguien varias horas del día en un contexto íntimo hace  la personalidad se muestre tal y como es.

Es por ello que la convivencia puede ser muy complicada, porque en este contexto las personas mostramos nuestro interior casi con totalidad. Y con ello también nuestra sombra.

Todos tenemos sombra. Es aquella parte de nosotros que no nos gusta, que nos hace conflictivos de cara a los demás. En la sombra se encuentran los problemas emocionales, las carencias, los asuntos personales a trabajar.

Cuando dos personas se unen emocionalmente, el beneficio que la relación aporta hace que la sombra aparezca, en modo -por ejemplo- de miedo a perder la relación. Otro aspecto podría ser el de cierta actitud victimista de una persona, a la cual le gusta que la cuiden, mostrándose dependiente de su pareja.

Cuanto más íntima se vuelva una relación, más transparencia habrá en las personas que la componen. Y no es que éstas decidan o no mostrar lo que tienen dentro. Es, simplemente, que se dan los contextos y situaciones idóneos para que lo que está dentro brote hacia el exterior.

Cuando pasas por diferentes relaciones tóxicas, no has de culpar a la mala suerte por dar con personas complicadas. Tampoco pensar que, hoy en día, las personas no aguantan nada y por ello hay problemas rápidamente. O que la gente está enferma, llena de problemas que paga con los demás.

En estas situaciones has de mirar dentro de ti, porque sólo hay un responsable de que vivas esas experiencias: tú.

 

Síntomas comunes de las relaciones tóxicas

 

Me gustaría, en este punto, hacer una especie de enumeración de los síntomas que pueden experimentar algunas personas que tienen relaciones tóxicas.

Básicamente lo hago porque tal vez algún lector aún tenga dudas respecto a si vive una relación tóxica o no.

Síntomas comunes de las relaciones tóxicas:

  • Dependencia de la relación y la otra persona. Quieres dejar la relación, pero no puedes por diversos motivos que te das a ti mismo.
  • Experimentas sufrimiento.
  • Sientes que no tienes la libertad que mereces, has de dar demasiadas explicaciones. E incluso, pedir permiso para hacer cosas que a ti te apetecen y consideras que están dentro de la normalidad.
  • Antes de empezar la relación te sentías bien contigo mismo. Ahora es como si tuvieras menos autoestima. En definitiva, sientes que tienes menos fuerza, coraje, valentía. Parece como si te hubieras desgastado.
  • Tienes sueños e ilusiones de salir de la relación y comenzar algo distinto, ya sea en solitario o con otra persona.
  • Discusiones constantes. Falta de entendimiento. Roces, conflictos. Hay más desequilibrio en la pareja que armonía. Hay más malos momentos que buenos.
  • Una de las dos partes se siente sometida a la otra.

La lista puede continuar casi de forma interminable. Pero creo que con estos ejemplos que he puesto ya sabes en cuál sentido continuaría.

Si te sientes identificado con algunos de los puntos expuestos, no tengas duda de que te encuentras en una relación tóxica.

Una relación sana y constructiva siempre es para sumar, no para restar.

 

Cómo salir de las relaciones tóxicas

 

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Pasar de relaciones tóxicas a relaciones sanas es posible. De hecho, es lo aconsejable para el bienestar de ambas partes.

Muy bien, ¿pero cómo hacerlo?

Déjame decirte algo: nadie dice que esto sea fácil o sencillo. Si quieres encontrar una pastilla que te libere del dolor a la pérdida, no la vas a encontrar.

Igual quisieras recibir una especie de descarga eléctrica, controlada médicamente, que te haga olvidar y así poder dejar la relación. Pero no, eso no existe.

Las relaciones personales son el mayor campo de trabajo personal que podemos hacer. Interactuando con los otros, como decía antes, aparece nuestra sombra, y ello es siempre una oportunidad para mirar dentro de uno mismo y comenzar a sanar aquello que ahora se puede ver.

Me gusta decir que es muy fácil y sencillo irse a la montaña a meditar y vivir una vida contemplativa, pretendiendo así hacer un avance personal y espiritual.

Pero la realidad es que el verdadero avance está aquí abajo, en la jungla: las relaciones con los demás.

Cuando estás en solitario, en calma, no puedes ver qué partes de ti hay que trabajar. Tus conflictos emocionales no dan la cara. Por lo tanto no aparecen esas magníficas oportunidades de observación.

Una persona que está sola no sabrá si es celosa (o si ha superado una faceta de manifestar celos) hasta que esté en una relación de pareja.

Ver la sombra hace que nos sintamos mal, en desequilibrio. Nos hace sentirnos incómodos, sufrir emocionalmente. Pero también tenemos la magnífica ocasión de reconocer lo que hay en nuestro interior para poder trascenderlo.

Sin el conocimiento de la existencia de algo, no es posible tomar la acción pertinente para superarlo.

Dejar una relación es, en ocasiones, tan difícil como lo es para un toxicómano dejar la droga a la que está enganchado. Al crearse una dependencia, porque algo se obtiene de esa relación, se crea una “barrera” que impide soltarla.

Pero esto es algo que está dentro de nosotros, y que es posible trascender.

Lo primero que hay que hacer es ser consciente de que esa relación poco o nada aporta. Y aunque algo te ofrezca, es mayor la insatisfacción y el sufrimiento que recibes.

Déjame decirte algo: si la relación fuese buena, no estarías en la situación en la que te encuentras.

Y no, no hay que aguantar porque “nada es perfecto y no se puede pretender vivir siempre feliz, ya que las relaciones son difíciles”. Esto son excusas que nos damos para no encarar la realidad: nos aterra soltar la relación, porque estamos enganchados a ella.

Evidentemente en todas las relaciones habrá momentos de conflicto. De no estar de acuerdo en algo. Pero eso será el mínimo de las ocasiones, y lo que primará en la relación será los buenos momentos, el respeto, la cooperación y el amor.

Cuando no es así, es el momento de “volar” de ahí. La relación se ha transformado en algo nocivo. Y aunque está bien poder dedicar un tiempo para trabajar juntos en resolver los problemas y conflictos, llegado un momento donde se ve que no hay avance, lo mejor es soltar.

La relación ya cumplió su función, dio lo que tenía que dar y ahora toca que cada parte continúe su camino.

Por lo tanto, después de tener conciencia de que vives una situación tóxica, toca echarle coraje y dejar la relación.

Este paso sé que es importante, y que dependiendo de las circunstancias de cada persona implicará más o menos cambios.

Sólo déjame decirte una cosa, para cuando tengas tus momentos de duda debido a la situación personal que vives: el que quiere lograrlo, encontrará una forma. Y el que no, sólo encontrará excusas.

Tener claros los motivos para dejar una relación tóxica nos ayuda a poder ejecutar la acción pertinente para acabar con ella. Puedes hacer un listado de las razones que tienes para salir de ahí, lo que pierdes con esa relación. El sufrimiento y el dolor. El desgaste emocional, la frustración.

Y a todo eso, aportarle una gran dosis de valentía, ilusión por lo que puedes lograr. Conciencia de que pasarás una temporada incómodo, pero que sólo durará un tiempo. Y que gracias a este acto (dejar la relación tóxica), no solo conseguirás los frutos de salir de una asociación negativa, sino que te superarás a ti mismo, y con ello crecerá tu creencia e imagen personal, tu autoestima.

Hay un refrán que dice: no hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo resista. Personalmente, me encanta.

 

Conclusiones

 

Las relaciones tóxicas están a la orden del día y son parte de nuestro aprendizaje. Todos las vivimos en diversos momentos de nuestras vidas. Y están ahí para enseñarnos lo que hemos de trabajar, pues ayudan (como cualquier otra relación) a sacar nuestra sombra. Y con ello poder ver nuestro interior, siendo así conscientes de lo que debemos trabajar si queremos realizar un avance personal.

Según evolucionas en tu trabajo personal, tu crecimiento interior, pasas de tener relaciones tóxicas a relaciones sanas. Pero para llegar a ello hay trabajo interior que hacer. Enfrentar miedos personales, inseguridad.

Aunque lograrlo es muy posible, estando al alcance de quien de verdad desee un cambio en su vida. Cualquier persona puede realizarlo, sólo ha de proponérselo y lanzarse a por ello, saliendo así de la zona de confort.

¿Vives actualmente una relación tóxica? ¿Las has tenido y has salido de ellas? ¿Estás en una que no puedes soltar? Déjanos un comentario, estoy seguro que a más de una persona el aportará mucho valor 🙂

Un fuerte abrazo.

Óscar Martín.

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