La dependencia emocional ha estado muy presente en nuestra historia.

El ser humano, como muchos otros animales, siempre fue social. Desde nuestros inicios hemos estado siempre en comunidades, pues esta forma de vivir nos ha aportado grandes beneficios. El valor de un grupo, a la hora de realizar diferentes tareas, es mucho mayor que si una sola persona tuviera que realizar todas las funciones necesarias para facilitarse una forma asegurada de vivir. El grupo aportaba sustento (caza/recolección) Seguridad ante los peligros externos (animales/otras comunidades) Cuidados cuando alguien estaba enfermo. Y así, sucesivamente, diversas y variadas ventajas.

La dependencia emocional a los demás

Pero esto, que tan ventajoso parece, nos ha creado una gran dependencia emocional hacia los demás. Nos hemos vuelto casi totalmente impotentes ante el hecho de estar solos, con miedo de esa idea. Nacimos y dependíamos de nuestros padres. Fuimos creciendo, y empezamos a depender de los amigos. Comenzamos en el mundo emocional, y encadenamos relación tras relación de pareja. El querer estar con otros ha llegado a un punto tan dramático, que muchas personas dicen “soy incapaz de estar solo/a”.

¿Acaso existe realmente una incapacidad ante el estado de la soledad? ¿O es más bien que estamos tan acostumbrados a no experimentarla, que cuando ocurre nos sentimos tan desubicados que creemos que es algo malo para nosotros? ¿Qué nos ocurre al estar solos? ¿Por qué nos aterra tanto?

El problema de la soledad

Creo, sinceramente, que una de las “peores” cosas que te puede ocurrir al estar solo es que te escuchas a ti mismo. Cuando no hay entretenimiento externo, ya sea en forma de otras personas con las que te relacionas, o cuando te encuentras realizando alguna tarea (como trabajar, hacer una afición, leer…), comienzas a percatarte de tu ruido interno.

Esto es tus pensamientos. Y generalmente estos no suelen ser muy buenos que digamos. Tenemos almacenados en nuestra mente una cantidad tan abrumadora de pensamientos negativos, juicios y críticas, además de los problemas externos de nuestra vida (laborales, familiares…), que estar plenamente consciente de ello nos desespera.

Es el murmullo interior el que nos hace querer estar entretenidos con cosas del exterior.

Por ello podrás saber de personas que, estando en la soledad de su hogar, han de tener encendida la televisión. O tal vez la radio, escuchando un debate u oyendo música, para sentirse de alguna manera acompañadas. Lo cual es lo mismo que tener la mente entretenida, para no darle demasiadas vueltas a esas cosas, esos asuntos que no nos gustan y nos dan miedo.

Pero la realidad es que si nos dedicásemos a escuchar todos esos pensamientos, lo que nos dicen, y nos ponemos manos a la obra en lo que se refiere a atender todas esas cuestiones, esa temida soledad se convertiría en una magnífica oportunidad para realizar un gran cambio interior. Un avance en el desarrollo personal, lo cual incluye la libertad emocional.

La programación previa

Como comentaba en el artículo anterior (Cambio interior. Por qué y para qué), hemos sido educados y programados, entre otras cosas, para creer que el buscar una relación de pareja e iniciar un proyecto en común (trabajo, casa, coche, niños…) nos aportará la felicidad. El sueño de cualquier persona realizada. Pero una vez que lo tienes, te das cuenta de que esa ansiada felicidad no llega. Y que por el contrario hay muchísimos problemas derivados de todo aquello que vas incorporando a tu vida.

He de decir que es normal que existan diversos obstáculos. Por ejemplo: tener niños te va a dar muchas satisfacciones, pero también muchos quebraderos de cabeza. Embarcarse en cualquier tipo de tarea tendrá sus ventajas e inconvenientes. Pero en este caso concreto, lo que tratamos es el asunto de creer que por estar con otros, ya tenemos asegurada la felicidad, o al menos gran parte de ella. Y que sin la compañía de los demás, poco o nada podemos hacer para sentirnos plenos y realizados a nivel personal.

Aquella cosa llamada felicidad…

felicidad

Ser felices es un estado mental, y parte sobre todo de la base de estar en paz con uno mismo. Por lo que, en esta ecuación, la variable ‘otros’ no encaja. Puedes estar acompañado de muchas personas, que como no tengas tus asuntos internos arreglados, vas a estar en constante conflicto emocional, y el trato con los demás sólo te aportará alguna distracción.

Por no olvidar el hecho de que si por dentro no estás bien… tu aspecto externo tampoco lo va a estar. Porque lo que veas ahí fuera va a ser una proyección de lo que tengas dentro de ti mismo. Si por dentro estás batallando, en conflicto, esto mismo tendrás en tu exterior.

Y lejos de misticismos, para facilitar la comprensión de esto, se podría decir que si te encuentras en un estado de intranquilidad, tus decisiones externas estarán basadas en ese estado. Y ello influirá también en tus relaciones con los demás. Es como cuando tienes un mal día, con un genio horrible, y por la mínima razón dices a otra persona algo ofensivo sin que sea merecido. Ese estado interno que estás experimentando afecta a tu vida externa, donde se encuentran las relaciones con los demás.

De regreso a la dependencia

Pero volvamos al asunto de la dependencia emocional a los demás, y la tan temida soledad. Existe una especie de pensamiento generalizado sobre el hecho de que si estás solo, igual es porque nadie te quiere o te acepta. Muchos basan su valía personal en el hecho de si tienen a otros queriendo su compañía.

La frase “estoy solo/a, nadie me quiere” ha sido recitada por muchos, y refleja a la perfección esto que comento respecto a la opinión que, en ocasiones, tenemos de nosotros mismos si hay o no alguien a nuestro lado, y el valor que nos da.

Pero esto es una paradoja. Uno de esos juegos del ego que a veces nos deja tan sorprendidos de su locura y descontrol. Porque cuando conocemos el caso de una persona que se encuentra sola, que no necesita a nadie para hacer su vida. Que es fuerte, autónoma, no tiene dependencia emocional y está disfrutando y viviendo plenamente, una parte de nosotros (sobre todo aquellos que más dependientes son) le envidia. Y le gustaría ser como esa persona, que es feliz y completa por sí misma, sin la necesidad de apoyarse en otros, sin tener una relación con otra persona.

Lo que no entendemos generalmente es que llegar a ese estado ha supuesto muchos esfuerzos y sacrificios. Pues para estar a gusto y en paz en la soledad, hay que haber batallado con ella duramente. Con constancia, y haberse enfrentado a los miedos básicos de ese principio que vamos arrastrando desde nuestros orígenes, que es el vivir con otros, en comunidad. Sentirse excluido, apartado de la manada, nos genera miedos inconscientes de no pertenecer a un grupo o clan. Tener que cuidarse uno mismo en todos los aspectos.

Pero es justo esto, el enfrentarnos a ello, los que nos dará la fortaleza tan grande y deseada que vemos en aquellos que lo han conseguido.

¿Qué dirán -o qué me diré yo mismo- si me ven solo?

Cuando pensamos que si no estamos con alguien, no valemos, nuestro poder, imagen y valor personal se minimizan. Cuando tenemos pensamientos del tipo “quiero hacer esto, pero solo no puedo”, es como si nosotros mismos nos atásemos las manos para no hacer algo que deseamos. Sintiéndonos víctimas incapaces de realizar nuestros anhelos por causas externas a nosotros.

solo

Nuestra vida, la dirección que queremos que lleve y las decisiones personales, quedan supeditadas a que algo fuera de nosotros mismos suceda. Y en este caso es el tener alguien sobre quien apoyarnos.

O lo que es lo mismo: no tenemos ningún control ni poder sobre nuestra existencia. Ya que se lo estamos dando a otro.

Me quiero separar de mi pareja, una relación tóxica que me está destrozando. Tengo miedo y una gran dependencia emocional. Pero no lo hago porque no puedo estar solo/a. O porque necesito un sustento que no tendré al estar en soledad. Quiero comenzar una empresa, pero necesito algún socio con quien trabajar. Deseo ir de viaje a tal país, pero no tengo a nadie con quién ir. Me gustaría ir a ver una película al cine, pero no dispongo de acompañante…

¿Realmente necesito a alguien para hacer lo que me gusta?

Y así, existe una lista interminable de cosas que nos gustaría hacer, y que no hacemos porque no tenemos con quien hacerlas. Porque pensamos, creemos, que nos es indispensable realizarlas con alguien más aparte de nosotros mismos. Y esto es un gran error. Es fruto de la dependencia emocional, porque en realidad no te hace falta nadie para poder hacerlas.

Es tu creencia y necesidad de otros lo que te hace pensar y creer así. De esta manera, te estás tú mismo quitando de tener experiencias que deseas, por tus propios prejuicios y creencias limitantes.

Esto es algo muy extendido, sufre de ello una gran parte de la población. Como ejemplo te diré que desde niño no me importó ir al cine solo. De hecho, ¡lo disfrutaba! Podía estar centrado al cien por cien en la película, sin tener que compartir nada con nadie ni distraerme en ningún momento. Ante mi declaración de este gusto a otras personas, más de una vez he recibido el comentario: “¿y vas solo al cine?, qué triste, ¿no?”. Lo cual demuestra, una vez más, que tenemos en nuestra mente programas limitantes respecto a qué está bien y qué está mal.

Qué es bueno y qué es malo. Cuando estoy totalmente seguro que a muchos que me dijeron esa frase, les encantaría poder hacerlo ellos mismos. Pero por alguna estúpida razón no lo hicieron. Y prefirieron quedarse en casa a hacer algo tan sencillo y divertido como disfrutar de una sesión de cine. Aunque sea solo.

Enfrentando las pruebas

Siempre he pensado que cuando uno toma la decisión de hacer algo, y se enfrenta a los obstáculos que pueda encontrar, con valentía, sintiendo miedo pero aun así haciéndolo, la vida te va a ir facilitando todo aquello que necesitas.

pruebas

Aunque tengas momentos difíciles (algunos realmente lo son…), seguirás avanzando. Y poco a poco podrás ir recogiendo frutos constructivos del esfuerzo que estás realizando.

Puede incluso que no consigas aquello que quieres. Pero estoy seguro que tu camino será llevado en una dirección donde obtengas algo que te dará una gran satisfacción personal. Pues siempre existe la ganancia en todas las experiencias vividas. Y sólo hay que cambiar nuestra perspectiva y enfoque para darse cuenta de ello.

Ahora bien, si en vez de ir tras aquello que quieres, prefieres no hacer nada, quedarte en la inactividad, y victimizarte con un montón de razones por las cuales no tienes lo que quieres, o por las que crees que no puedes tenerlo, entonces continuarás sintiéndote impotente y desgraciado por no tener aquello que deseas.

Una experiencia que aporta mucho

Aprender a estar en soledad y disfrutar de ello, es algo totalmente necesario e imprescindible para todo aquel que desee realizar un auténtico crecimiento personal. Es clave para superar la dependencia emocional. Cuando no estás enfocado en lo externo, para hacer sólo caso a lo interno, comienzas a comprender en qué momento te encuentras de verdad. Y en ese descubrimiento, puedes entender que tienes intereses que desconocías. O dolencias cuyo origen no sabías. Y que poco a poco, escuchándote y atendiéndote, comienzan a clarificar, como si las estuvieras alumbrando por primera vez.

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Grandes personajes de la historia han llegado a descubrirse a sí mismos. Y con ello, realizado obras magníficas en diferentes campos. Inventores, escritores, científicos, filósofos, místicos, matemáticos… tras pasar por grandes procesos y pruebas de soledad, superando su miedo. De hecho, todos ellos siempre han declarado que necesitan ese espacio tan imprescindible para el desarrollo de su arte, y de sí mismos, que es el estar solos. A veces, por grandes periodos.

Te invito a que le des una pensada al concepto de la soledad y qué no te gusta de ello. Échale un ojo a tu dependencia emocional. También que te hagas preguntas interesantes. ¿Qué harías si estuvieras solo? ¿Qué no puedes hacer estado solo y por qué? ¿En qué piensas cuando estás solo y que tan poco te gusta? ¿Por qué tengo dependencia emocional, y qué estoy ocultando con ello?

Puedes comentar aquí abajo lo que te apetezca. Estaré encantado de responder y ayudarte en lo que esté en mi mano.

Un abrazo.

Óscar Martín.

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