Realizar un cambio se puede aplicar a muchas y diversas cuestiones. Sin embargo, en este artículo de lo que se va a hablar es del proceso de un cambio interior.

Cambio interior, ¿de qué trata eso?

Fácil. En un cambio interior se trata de darle la vuelta a algunos aspectos que componen nuestro ’yo’ actual. Lo que creemos que somos. Sí, has leído bien: lo que ‘creemos’. Hemos ido, a lo largo de nuestra vida, teniendo una serie de experiencias que han definido nuestros gustos e intereses personales. Todo esto nos ha ido programando, y a día de hoy miramos el resultado de todos esos programas instalados, y nos decimos “este/a soy yo”.

Tenemos unos gustos determinados, una forma de pensar característica. Preferencias, afinidades, expectativas, rechazos… Todo conforma un pack que ilustra a la persona que pensamos que somos a día de hoy. Nos identificamos con todo eso para poder definirnos y saber quiénes somos. Esto le ocurre a todas las personas a lo largo de todo el mundo.

Pero si miramos con atención ese resultado final, y comenzamos a tirar del hilo para ver de dónde provienen ciertas creencias, nos daremos cuenta de que la mayor parte de ellas son fruto de experiencias pasadas.

O tal vez de información que recibimos en un determinado momento, a la cual le otorgamos fe y creencia a tal nivel, que se convirtió en parte de nuestra esencia, de la base que nos da forma.

Así que se puede deducir que lo que pensamos y creemos que somos, viene dado de un proceso de programación anterior. Para utilizar un ejemplo, podríamos decir que es como un ordenador, que al comprarlo te viene con lo más básico, el sistema operativo, para poder funcionar y trabajar con él.

Con el transcurrir de los días desde su adquisición, instalas nuevos programas, utilidades. Si por ejemplo eres un arquitecto y utilizarás tu ordenador de forma profesional exclusivamente, instalarás programas y utilidades relacionados con la arquitectura. Y si el ordenador un día tomase conciencia de sí mismo (como en las películas de ciencia-ficción), creería que es un arquitecto por toda la información que tiene instalada.

Se definiría a sí mismo por lo que conoce.

Somos programables

programables

Esto nos deja claro algo de gran valor, y es el concepto de que somos programables. Por lo que podemos cambiar nuestro sistema de creencias, pensamientos, a tan bajo nivel (tan a fondo) que somos capaces de llegar a cambiarnos a nosotros mismos. Transformarnos en una persona totalmente diferente, si así lo deseamos. Y con ello nuestra vida se transformará es algo distinto. Realizando así un cambio interior.

Yo no quiero cambiar, me gusta quién soy“, podrías decirme. Y te contestaría que me parece bien que te gustes, que te aceptes y que le saques valor y reconocimiento a quién eres a día de hoy.

Pero… ¿de verdad te gusta todo? ¿Estás totalmente conforme y a gusto a todos los niveles? ¿En serio no querrías cambiar nada de ti? ¿O en realidad ese “yo no quiero cambiar” no es más que una afirmación salida del orgullo? Del ego, que a veces es tan altivo y presuntuoso que no acepta que tiene muchos asuntos que mejorar. O al menos así se comporta de cara a los demás, porque en la intimidad de los pensamientos, la historia es bien distinta…

La sinceridad con uno mismo

A veces pensamos que nosotros estamos bien, y que lo que está mal es el mundo, las otras personas. Que los demás están locos, y nosotros cuerdos. Que lo de ahí afuera es un caos, y lo de aquí dentro (nuestra persona) está totalmente en orden.

Pero si somos justos en nuestro juicio, y aportamos además una alta dosis de humildad, nos daremos cuenta de que esta postura (ellos están mal, yo estoy bien…) no es más que un escudo. Una armadura, que defiende y oculta a alguien herido, que tiene miedo de ser atacado. Por lo que ataca primero, utilizando para ello un ego hinchado. Una auto-imagen de grandeza, para de alguna forma quedarse tranquilo respecto a que ha hecho lo correcto en su vida. Y así poder identificarse con algo que está bien.

Sacar el orgullo y no evaluarse uno mismo con el propósito de la mejora personal, es una actitud conformista, de no-responsabilidad. Y sobre todo de no querer tomarse la molestia y el esfuerzo que generalmente supone el iniciar un cambio.

Cada cual es libre de hacer con su vida lo que le plazca. Nadie está obligado a nada, y si una persona prefiere quedarse como está, y argumentar de mil y una maneras por qué está bien y no desea realizar un cambio interior, hay que respetarle y dejarle continuar en su proceso, en su posición. En el rol que ha elegido, por voluntad propia, interpretar.

Reconociendo lo evidente

Pero si te encuentras en el grupo de inconformistas que reconoce que algunas cosas no van bien, y que en vez de inventarte excusas varias para no hacer nada (o echar la culpa a otras personas de por qué te va como te va, o eres como eres) quieres ponerte manos a la obra para redefinir la imagen y concepto que tienes de ti mismo, sólo me queda darte la enhorabuena… Y avisarte que no todo será fácil y sencillo.

Realizar un cambio interior profundo es como abandonar una vieja piel: cuesta, conlleva esfuerzo, a veces incluso algo de dolor. Estamos hablando de, en algunos aspectos, dejar de ser quien eres para ser algo totalmente diferente.

La desidentificación no solo constituye un problema para el ego, el cual siempre tiene miedo a morir (y dejar de ser quien eres es una especie de muerte), sino que además conllevará una serie de grandes y drásticos cambios en tu forma de pensar, de hablar, de comportarte.

A día de hoy, instalados en un yo, estamos inmersos en un espacio de confort. Quizá no nos guste totalmente lo que somos, pero ya llevamos una rutina, una dinámica, que hace que la inercia nos haga más fácil el seguir como estamos.

Las implicaciones del cambio

Pero cambiar conlleva dejar de hacer eso que hacías y empezar a hacer cosas distintas. El cambio conlleva nuevas rutinas, nuevas formas de pensamiento. Y muchas veces no es fácil, pues estamos tan acostumbrados a ciertas cuestiones, que aunque éstas puedan ser justo lo que deseamos cambiar, de alguna forma nos proporcionan seguridad y placer. Y dejar algo así es difícil. Por ejemplo: alguien que tiene una adicción a algo muy destructivo, puede desear con todo su corazón dejar un comportamiento que está siendo totalmente nocivo para sí mismo.

Entonces, ¿por qué simplemente no deja de hacerlo, si pensándolo racionalmente llega a la conclusión de que no es bueno para su persona? Porque aunque sea malo, lo sepa y lo comprenda, esa adicción le aporta algún tipo de placer. También seguridad, porque estando como está puede definirse de alguna manera. Sin embargo, dejando de hacer lo que hace se está metiendo en el terreno de lo desconocido. Y aunque se imagine que será alguien distinto y mejor sin la adicción que tanto mal le está aportando, el ego tiene miedo a ese futuro incierto (es un tipo de muerte, como antes comentaba)

Los juegos del ego

ego

En el futuro no hay nada asegurado. Y aunque en el mundo de la fantasía y la imaginación al ego le guste deleitarse con que algún día será esto o lo otro, conseguirá tal o cual cosa, cuando llega el momento de remangarse y pasar a la acción, ahí lo que le ocurre al ego es que se muere de miedo. Entonces hará todo lo posible por boicotear los planes que nos hayamos propuesto realizar.

Al ego le aterra el cambio. Y hará lo posible por hundir nuestros planes para cambiar. CLICK PARA TWITTEAR

Estoy seguro de que esto te habrá ocurrido en más de una ocasión. Tal vez hayas querido iniciar el proceso de algo que te vendrá muy bien, como pueda ser un cambio en la alimentación, una rutina deportiva, iniciar estudios en algo concreto… Mientras imaginas y planeas, te sientes totalmente seguro de ti mismo, cargado de fuerza y motivación.

Llegado el momento de la verdad

Pero cuando llega el momento de hacerlo, las fuerzas comienzan a flaquear. Puede ocurrir desde el primer día, o días después. No importa, tarde o temprano sucede.

Empiezan a aparecer dudas. Ya no estás tan seguro de si estás haciendo lo correcto o no. Tal vez comiences a pensar que en la situación en la que estabas antes de iniciar el cambio interior no estabas tan mal. ¡Lo mismo te exiges demasiado! O no estás en contacto con la realidad, pues no estás solo en tu tipo de problemas, a otros muchos les sucede igual.

Tal vez lo que hay que hacer es observarlo y enfocarlo desde otra perspectiva…

Todo esto son las trampas del ego, las zancadillas que nos pondrá en nuestro avance para no dejar de existir tal cual se reconoce e identifica ahora. Para quedarse tal y como está, en esa zona de confort donde todo es conocido y está bajo control.

Pero descuida, que si vuelves a lo mismo de antes, te aseguro que en los momentos de tranquilidad el ego comenzará a darte guerra pensando en futuros donde cambias, donde consigues lo que no tienes ahora, donde eres alguien distinto y mejor…

El ego está totalmente loco y desequilibrado.

Resumiendo

  • Lo que creemos que somos a día de hoy es fruto de las experiencias que hemos tenido, que han grabado información e impresiones en la psique. A esto hay que sumarle lo que nosotros nos decimos sobre nuestra propia persona y opinión. Todo ello conforma un yo. Y aunque es cierto que tenemos ciertos rasgos innatos de nacimiento, la mayoría aplastante de la información ha sido instalada y programada a lo largo de nuestra vida.
  • Iniciar un cambio interior no es fácil, pues nos saca de lo conocido. Nos exige pensar, hablar y comportarnos de manera diferente.
  • Nuestro antiguo yo, el ego, batallará en contra de nosotros mismos para que no cambiemos, y así no dejar de existir.

Hay luz al final del túnel

Pero no todo son malas noticias, y aunque el camino esté lleno de obstáculos, siempre habrá alegrías y satisfacciones. Cada batalla ganada, por pequeña que sea, nos aportará energía para continuar en nuestra decisión del cambio interior.

luz

Es por ello que en el proceso del cambio, hemos de saber ver esos beneficios que estamos adquiriendo. Aplaudirnos, premiarnos y motivarnos a nosotros mismos por la labor que estamos realizando. Has de imaginarte que tienes a un entrenador personal. Un “coach“, que te está animando constantemente en tu proceso, y reconociendo y valorando cuando has llegado a cierto hito. Cuando has cumplido alguna meta u objetivo.

Tú has de ser tu mejor amigo, tu máximo admirador, tu más ferviente seguidor en todo el mundo. Porque créeme cuando te digo que aunque haya personas a tu alrededor, y seguramente muchas de ellas te quieran y te animen en tus proyectos personales, al final el camino es siempre solitario. Estás tú y tu proceso. Y nadie más puede recorrerlo contigo, pues cada uno tiene el suyo propio.

Si quieres iniciar un cambio interior, espero poder acompañarte en tu proceso. Continúa leyendo la información que se irá publicando periódicamente. Estoy seguro de que encontrarás cierta ayuda que te vendrá muy bien. Y si quieres compartir algo, o tienes alguna duda respecto a lo expuesto en este post, puedes comentar aquí abajo, que estaré encantado de leerte y ayudar en lo que sea posible.

Un abrazo.

Óscar Martín.

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