Estoy seguro que más de una vez has pensado en cómo cambiar de vida.

Tal vez tu inquietud vaya enfocada al aspecto profesional.

Puede que al físico, tu cuerpo y/o salud.

O lo mismo es en el emocional.

Sea como fuere todos en algún momento pensamos en cambiar de vida porque, por las razones que sea, no estamos a gusto con lo que tenemos hoy en día. Tenemos el sentimiento y el anhelo de modificar nuestra vida.

De eso trata este artículo, de los cambios y fases, los estados, que transitamos y qué puede ayudarnos en esa búsqueda para logra el fin de cambiar de vida.

Definiendo objetivos

Una de las cosas que al ser humano se le da muy bien es enfocarse en lo negativo. Tenemos una gran tendencia a poner el foco de atención en aquello que no nos gusta de nosotros mismos, pasando de largo, por encima, de aquello bueno que tenemos.

Y aunque esto es algo muy poco recomendable, pues a la larga se transforma en ‘dinamita’ para la autoestima y la imagen personal, tiene su parte positiva. Y esta es que nos puede ayudar a iniciar un cambio personal que nos lleve hacia una dirección de crecimiento y superación.

Observamos nuestra vida y vemos aquello que nos gustaría cambiar en diversos aspectos. Y en base a ello, pensamos en lo que nos gustaría obtener. Se definen objetivos, metas, y esto anima a emprender una serie de acciones para cambiar de vida.

Los cambios radicales

Pero en ocasiones somos muy radicales.

Pasamos del blanco al negro a velocidad pasmosa. En un afán por querer alcanzar lo que queremos, y soltar aquello que ya no deseamos, trazamos planes y pautas situándonos en un rol que en ocasiones es totalmente diferente de aquello a lo que llevamos acostumbrados desde hace años.

Un ejemplo de ello es las típicas promesas y propósitos de año nuevo.

Nos decimos cosas como “este año me apunto al gimnasio, hago dieta, salgo a correr, me apunto a clases de inglés, de guitarra, de baile, comienzo a meditar…”. La lista se puede hacer inacabable en ocasiones, dependiendo de la persona y lo que tenga en su mente.

¿Y qué es lo que sucede? Que se arrancan los propósitos… pero que quedan en nada. Estadísticamente está más que demostrado que en los gimnasios, los meses donde se incrementa el número de clientes es el primer mes del año y justo después de la época de vacaciones de verano.

¿Por qué? Porque ahí se establecen nuevos propósitos. Ya sea porque se quiere comenzar el año con fuerza, o porque has estado en la playa/piscina y quieres mejorar tu aspecto físico al haberte comparado con el de los demás, en esos meses muchos acuden cargados de ganas e ilusión al gimnasio para conseguir aquello que quieren.

A ello se le suma los complementos como ponerse a dieta, dejar de fumar, salir a correr, subir y bajar las escaleras a pie… y otra serie de cosas.

¿Sabes por qué esto no funciona casi en la totalidad de los casos? Porque el cambio es tan radical, que supone un shock para el que lo realiza. Pretende cambiar, prácticamente de un día para otro, un estilo de vida con el que lleva mucho tiempo.

Dicho estilo de vida ha creado una serie de rutinas, patrones y conexiones neuronales que se quieren modificar, y en algunos casos eliminar, a golpe de fuerza de voluntad y con violencia. Sin pasar por un proceso.

Y cuando el ímpetu inicial decae, o la fuerza de las viejas costumbres se hace más notable, comienzan las bajas en las asistencias a los gimnasios. Las dietas se saltan. Las adicciones recobran vigor.

Resultado: vuelta al punto de partida…

Empezando suave

No siempre ocurre de esta manera. Hay personas a quienes, por su configuración personal, se les da bien meterse en este tipo de situaciones. De hecho, como mejor funcionan es así.

Pero lo más normal es que no pertenezcas a ese grupo (es muy minoritario), y por experiencias pasadas sabrás que a ti no te funciona el hacerlo de esta manera.

Pero no te preocupes por ello. No es que no tengas fuerza de voluntad, o que seas menos que aquellos que funcionan con cambios radicales. Cada uno tiene un sistema y camino, y lo óptimo es buscar la forma que a uno le va bien. Pues no se trata de ser como otros, o encajar en un concepto establecido.

De lo que se trata es de lograr lo que uno quiere. Llegar a las metas y objetivos que deseamos.

Así que, siendo del grupo que no encaja con los cambios drásticos, tu forma de proceder es empezando de una manera suave.

Como decía antes, llevamos muchos años acostumbrados a una serie de rutinas y patrones. Todo esto afecta a nivel psicológico, emocional  y físico. Y para romper con ciertas conductas, lo peor que puedes hacer es abordarlo todo a la vez, pues el peso y la presión serán excesivos, y tendrás grandes probabilidades de dejarlo todo de golpe cuando la situación sea insostenible.

Sin embargo, si decides abordar los asuntos de forma aislada o en pequeños grupos, tus posibilidades de éxito se multiplicarán. El proceso puede ser que sea más largo, pero te  aseguras de esta manera llegar al objetivo marcado.

La vida no es una carrera de sprint, sino de fondo. Y esto de lo que hablo ahora es un claro ejemplo de ello.

Para poder cambiar de vida aplicando pequeños cambios que te lleven hacia tu gran objetivo, te recomiendo seguir estas indicaciones:

  • Apunta en una lista todo aquello que te gustaría hacer o cambiar en tu vida.
  • En cada objetivo que hayas anotado, establece una puntuación de importancia de 1 a 10 (1 con baja importancia, 10 con la máxima importancia)
  • Ahora, puntúa con el nivel de esfuerzo personal que te supone, lo que crees que te costaría hacerlo. Hazlo de igual manera que en el caso anterior, puntuando del 1 al 10.
  • Una vez hecho, haz grupos pequeños, de dos tareas de la lista. En cada grupo ha de haber una tarea que te cueste mucho realizar, con alguna que te cueste menos. Si tienes una tarea que te cueste un nivel 10 realizarla, en ese grupo pon una tarea más con un nivel bajo de coste de realización. En definitiva: se trata que todos los grupos estén nivelados en el coste de esfuerzo personal.

Con esta lista, cargada de grupos con unos pocos elementos mezclados por niveles de esfuerzo, podrás comenzar a realizar algo muy transformador.

Abordando los pequeños cambios

En este punto, de lo que se trata es de comenzar a trabajar uno de los grupos. Por algún lado hay que empezar, y si es algo que te motive, mejor aún. Es por ello que ahora hay que echar un vistazo al nivel de puntuación por importancia. Y elegir un grupo que sientas que tiene una alta prioridad para ti.

Ten en cuenta una cosa: si comienzas por algo que tiene una gran importancia, pero a la vez tiene un gran coste de esfuerzo, esto supondrá una especie de cambio radical. Estás comenzando, y aún estás cargado de viejas costumbres. Es mejor comenzar de forma suave, para ir ganando fuerza, motivación y creencia en las posibilidades personales.

Una vez elegido un grupo, comienza a trabajarlo un día lunes de una semana que elijas. Y esa ha de ser tu prioridad.

Olvida, de momento, los otros grupos y tareas. Tu inversión y foco va a ser el grupo que has comenzado a trabajar. Y vas a hacerlo de forma concienzuda, poniéndole ganas y propósito.

En el resto de los asuntos relájate, así quitarás presión y dedicarás tus esfuerzos a sacar adelante el grupo que has elegido trabajar.

Beneficios de la rutina

¿Cuánto tiempo has de trabajar ese grupo particular?

Se dice que para que un comportamiento se transforme en hábito, ha de realizarse durante 21 días seguidos. Otros estudios dicen que ha de ser 28.

Sea como fuere, han de ser, como mínimo, de dos a tres semanas. Pues las costumbres están muy grabadas en nuestro interior. Y basta con que uno o dos días nos relajemos para tirar todo el trabajo por la borda. Pues las viejas costumbres ganarán fuerza de nuevo y se impondrán.

Así que tu mayor beneficio será establecer una rutina a base de repetir, día tras día, el grupo que elegiste trabajar. No te preocupes de los otros grupos/objetivos, no metas presión. De lo que se trata ahora es que el grupo que estás trabajando actualmente se transforme en parte de ti.

De tal manera que no te cueste esfuerzo realizarlo. Y como ya llevas un tiempo trabajándolo, comenzarás a ver los beneficios que te aporta.

Te sentirás bien por ello, a gusto con tu esfuerzo personal, motivado por los logros que vas alcanzando. Y todo ello se transformará en un poderoso combustible para la motivación y, así, abordar los siguientes objetivos.

El Gran Cambio

De esta forma, trabajando por grupos/segmentos, introduciéndolos poco a poco en tu vida, con el paso de los meses podrás llegar a ese Gran Cambio que deseas. Y de esta forma, lograr el objetivo de cambiar de vida.

Pero has de dar los pasos necesarios para ello. Tener paciencia, trabajar la constancia y no presionarte. Si pretendes que todo sea ya mismo, mandarás al cubo de la basura todos los propósitos y alcances logrados. Volverás al punto de partida y te sentirás mucho peor contigo mismo.

Conclusiones

Querer realizar cambios de forma masiva y radical, te situará en una posición de gran presión. Te acorralarás a ti mismo en un rol con el que no te sentirás a gusto. El esfuerzo será tal, que la duda de poder lograrlo será una constante. Sentirás que tienes mucho menos poder personal del que imaginabas.

Es por ello que lo mejor que puedes hacer es ir haciendo cambios lentos, paulatinos, pero que supongan un avance constante y sostenido que te acerca sin lugar a dudas a aquello que quieres lograr.

Las guerras se ganan en muchas y, en ocasiones, pequeñas batallas.

Espero que este artículo te ayude en ese cambio que quieres realizar.

¿Qué te ha parecido la idea de los grupos y pequeños cambios? ¿Crees que es para ti este sistema o tienes dudas sobre ello? Puedes dejar aquí abajo un comentario, estaré encantado de hablar contigo sobre ello.

Un abrazo.

Óscar Martín.

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